miércoles, mayo 06, 2009

Fausto


Fausto recorre los rincones de la casa sin tropezar nunca. Es hábil y lo sabe. Calcula sus movimientos con cuidado y sin embargo no es esclavo de ellos. Su pensamiento lo conduce siempre a lo necesario: un poco de comida (nunca más de lo suficiente), agua, un lugar cálido para dormir y alguna mosca para extinguir el instinto de cazador. Abre sus grandes ojos amarillos como queriendo ser él mismo el lugar donde se encuentra. Cuando me mira dice algo que no puedo entender. Ningún ruido se le escapa, venga del mundo que venga. La pantalla pixelada de sus lentes le facilita captar cualquier movimiento, por insignificante que sea. Y entonces se arroja al abismo, con todas sus siete vidas, deseoso de obtener algo para sí. Luego, cansado, regresa lentamente, buscando la forma de acostarse sobre mis piernas, a esperar la caricia que se desliza siempre suave sobre su lomo. Entonces puede ronronear.

Comenzando

Cómo empezar. Siempre cómo empezar. El final es casi un movimiento involuntario, un fruto de la inercia que con sólo un poco de habilidad puede pulirse. La fuerza de las palabras moldea, arrastra y se choca. Un final puede ser incluso eso: un golpe. No es igual con el inicio. Ahí debe imperar la genialidad, la brillantez. El inicio es un vértice peligroso. Uno puede caer si no hay un punto firme del cual sujetarse.

martes, diciembre 16, 2008

Ella

"Ella.

Sí. Ella fue el primer verso que mis ojos vieron. Fue una luz que me cegó para siempre. No podría decir nada diferente de esto. Mi alma quedó aferrada a su piel. Mi voluntad se perdió en su pelo. Aún hoy, tantos años después, encuentro difícil describir lo que fue ese encuentro. Sólo unos segundos, un cruce de miradas y mi destino quedó sellado. Su nombre vibró en mis labios y ya nunca pude pronunciar otro que me hiciera estremecer. Isabel sabía que no era la más bella, ni tampoco la de mayor ingenio. Pero poseía un encanto que despertaba violentas pasiones en los corazones de todos quienes la conocían. Tanto así que aún las mujeres se disputaban su beneplácito."

Fragmento de un libro todavía por escribir.

domingo, diciembre 07, 2008

Un posible retorno

Cada vez que me acerco a estas líneas siento cómo, en algún momento de mi juventud, decidí arrojarme a ese abismo del mundo literario, comprometiéndome con él mucho más de lo que quizás debería. Aún así, este destino cruel, fatídico y hermoso de ser escritor, es un oficio noble que regala profundas alegrías.

Hace más de un año y medio olvidé este espacio, impulsada por una situación personal que me alejó de las letras por un buen tiempo. Quisiera pensar que es el momento de retornar a ellas. De sentirme nuevamente como en casa aquí, escribiendo para unos cuantos ojos que tal vez aprecien, por lo menos, la cándida torpeza que guía mi pluma, y que pueda ser me conduzca algún día a concebir una idea que merezca ser leída.

domingo, abril 08, 2007

La Cartuja de Parma

La Semana Santa que acaba de pasar ha sido por mucho la más reflexiva de mi vida, gracias a la lectura feliz de esta grandiosa narración de Stendhal. Por vez primera concibo con claridad absoluta los profundos ríos del espíritu italiano. Esta Italia endemoniada, apasionada, imaginativa e indomable que se ha encargado de forjar el alma de nuestra civilización, me ha mostrado que la palabra no puede ser producto más que de su construcción deliberada y entusiasta. La acción es hija del norte; el pensamiento del sur. Las brisas mediterráneas convirtieron al hombre en un ser apasionado, emotivo y orgulloso. Los vientos nórdicos terminaron por cortar todo refinamiento y pulir tan sólo el músculo de lo concreto, donde cada sutileza se ve mutilada por el pragmatismo.

La duquesa Sanseverina me recordó de muchas formas a la lady Clarick de Dumas (si es que acaso, como ya lo decía Balzac, en algo pueden compararse una mujer italiana y una francesa -o inglesa, para el caso da igual-). Tienen ambas ese mismo aire de superioridad y esa capacidad de subyugar a cualquiera que se cruce con su mirada, no sólo por su absoluta belleza, sino por la fuerza incomparable de sus almas. La Sanseverina es Italia. Es todas las mujeres del mundo, y a la vez, ninguna, porque su ingenio es inequiparable. Pensé que era ella la que hacía de La Cartuja una obra universal, como es la cultura (transmitida, como tan claramente lo saben las feministas, por las mujeres) la que hace de Italia una nación universal.

martes, febrero 13, 2007

Un año

Escribí en este espacio durante poco menos de un año, y hace por lo menos otro que dejé de intentarlo. A lo largo de mis veintidós años me he caracterizado por ser alguien obsesivo, pero a la vez y paradójicamente, falto de voluntad. Por un comentario reciente que recibí de alguien a quien quiero, redescubrí estas letras oxidadas de no leerlas, y sentí que fueron un esfuerzo noble. Tal vez ingenuo, pero exitoso en cuanto ejercicio literario y crítico. No sé si regresaré a ellas, pero sé que es tiempo de estirar la voluntad en mí para emprender, con la sobriedad que se merece, el camino hacia el pensamiento, hacia la palabra.

He escrito poco. Un par de cuentos aquí y allá, unos cuantos trabajos académicos que valgan la pena, y estos y otros comentarios azarosos en los que plasmo ideas que quisiera atesorar para cuando llegue la posteridad y su Alzheimer. Pero ahora me pregunto a quién le escribo. Una página en Internet es lo más lastimoso que puede ocurrírseme como respuesta. Así que, querido y solitario lector, con el respeto que le debo (y la enorme gratitud por tomarse el tiempo de pasar sus ojos sobre estas deplorables líneas), digo que me escribo a mí misma. Pero no a mí como autor que soy de mis propios pensamientos, sino a mí como ser universal, con la obligación de concebirse a sí mismo y con la valentía de enfrentarse a su propia conciencia.

Digo que me escribo, no porque guarde como preciosas estas tristes palabras, sino porque veo que mi destino consiste en enfrentarme a él desde las letras. Así que ahora quisiera comenzar, con juicio y serenidad mi noble oficio de escritora. Oficio, sino, pasión, resquicio. Soy escritora, para mí y para el mundo. Por más aciagos e infames que sean estos tiempos, decido sumergirme en ellos para tratar de extraer (si es que tengo la suerte) la esencia de lo humano, que vivirá por siempre a pesar de nuestra muerte, en la palabra y en el pensamiento.

Viva pues la ciencia exacta.

lunes, diciembre 05, 2005

La Nueva Barbera Nacional

Estracto de mis pensamientos mientras camino por las calles del centro de Paris:

Para escribir algo grande, hay que remontarse a una época grande. Hay que construir una historia grande, con personajes grandes y profundos. Hay que tener una dosis de genialidad y la mirada clara. Para escribir algo grande, es necesario ser alguien grande. Y la grandeza quedó guillotinada, hace poco más de dos siglos en este mismo suelo que piso ahora. La grandeza quedó sepultada entre las muchas cabezas que rodaron para dar nacimiento a una democracia que los verdugos nunca pudieron comprender.

Viajes

Estar de viaje es ausentarse para estar más presente donde no estás. O eso siento yo, aquí, en esta ciudad del caos, cuyos hijos son dueños de la desesperanza y el fracaso.

No lamento y no me excuso por dejar de escribir públicamente. El silencio es necesario, y el olvido complaciente. Regresar casi siempre es despertar en un amanecer, y a mi todavía me quedan meses de una noche oscura acentuada por el invierno gris que a veces me eriza y me tiñe los huesos.

He leído con atención a Sábato (me atacó la idea de que es un pseudo arreglo del Russell latinoamericano) y a Dickens, precisamente en su Historia de Dos Ciudades. Curioso leerla cuando tengo en mi nariz el epicentro de la trama. Un efecto que jamás había sentido (ni siquiera con García Márquez, de quien me separan los Andes) por aquello de leer desde la periferia a los autores europeos. Y bendita periferia: la extraño y le agradezco la visión amplia que me regaló.

Desarrollaré más este argumento. Estoy empezando a conocer el mundo, esta vez con mi propia piel, sin mediarla por palabras de amigos viajeros que llenan mi vida. Pero estoy siendo oscurecida por una nube de problemas formales que me embargan y me llenan de resentimiento. Razón por la cual me resultó imperativo escribir. Cuando tenga calma procuraré un poco más de cordura.

lunes, agosto 22, 2005

Política

Lo que publico aquí es parte de un ensayo escrito por mí sobre el efecto de la globalización en el conocimiento. Por supuesto no es un trabajo literario, pero expresa bien algo que he empezado a creer hace un par de años, y que me hace pensar que el discurso liberal de nuestros días es un error de concepción del mundo y el hombre.


Puede decirse de Occidente que es un conjunto de valores e ideas de carácter teleológico. La adopción de la democracia y del capitalismo como sistemas político y económico ideales, ha traído consigo un ecumenismo que se manifiesta en fenómenos tales como la invasión a Irak, en un caso concreto, y en respuestas como el fundamentalismo islámico, para nombrar un hecho sobresaliente. Aunque sería demasiado asegurar que esto ocurre de manera directa. Más aún, dicha adopción es consecuencia de una causa profunda que orienta los principios liberales de democracia y capitalismo hacia un mismo fin.

La causa, podríamos decir, no es otra cosa que los valores mismos esenciales de Occidente. Ambos sistemas, el económico y el político, apuntan hacia una civilización libre, individualizada, protegida por el Estado y ligada a éste por los derechos y deberes expresados en la Revolución Francesa. Pero esta carrera hacia la libertad ha resultado en una desenfrenada manía por el desarrollo económico, al punto de medir las sociedades en términos estrictamente monetarios, y su evolución por el nivel de inserción en los parámetros democráticos y capitalistas.

lunes, agosto 08, 2005

Sobre el feminismo


La paradoja: Una de las mayores incomodidades que sufro como mujer de estos nuevos tiempos, es padecer el infortunio de ser automáticamente categorizada como feminista.

viernes, agosto 05, 2005

La otra crítica


"Si todo es verdad, si leer un libro tal como se debe exige tan alto grado de imaginación, comprensión y criterio, probablemente concluiréis que la literatura es un arte muy complejo, y que es muy probable que no lleguemos a ser capaces, después de toda una vida dedicada a la lectura, de hacer aportación alguna, digna de consideración, a la crítica literaria. De ahí que debamos quedar en lectores, que no debamos atribuirnos esa mayor gloria que en justicia pertenece tan sólo a quienes también son críticos. Pero, a pesar de todo, también tenemos nuestras responsabilidades, e incluso nuestra importancia, en cuanto a lectores. Los criterios que nos forjamos y las sentencias que dictamos al juzgar se elevan en el aire, y pasan a formar parte de esa atmósfera que los escritores respiran, cuando trabajan. Se crea una influencia que les afecta, incluso en el caso de que jamás quede expresada por escrito. Y esta influencia, si está bien documentada, y es vigorosa, independiente y sincera, puede tener gran valor, ahora que la crítica se encuentra, forzosamente, en estado comatoso, en que los libros desfilan igual que una procesión de animales en una galería de tiro, y en que el crítico apenas tiene un segundo de tiempo para cargar el arma y disparar, por lo que bien puede perdonársele que confunda los conejos con los tigres, y las águilas con las gallinas, e incluso que no dé en el blanco y su disparo vaya a dar en una pacífica vaca que pasta en un campo vecino. Si el autor tuviera conciencia de que, detrás de los tiros que a tontas y a locas dispara la prensa, hay otra clase de crítica, consistente en la opinión de las personas que leen por amor a la lectura, despacio y sin profesionalismos, y que emiten juicios, animados por gran comprensión y gran severidad, ¿no mejoraría esto la calidad de sus obras? Y , si gracias a nosotros, los libros llegaran a ser más vigorosos, más ricos, más variados, creo que habríamos conseguido algo digno de ser intentado".

- Virginia Woolf, La torre inclinada y otros ensayos, "¿Cómo hay que leer un libro?", trad. de Andrés Bosch, Barcelona, Editorial Lumen, 1980, pp. 60-61.

jueves, agosto 04, 2005

No soy yo

A los veinte y desde la periferia del mundo, difícilmente puede uno encontrar genialidad en su entorno. Pero es la vida la encargada de sorprendernos, y para mi fortuna hay más de un alma realmente genuina que participa de mis días. Así que, en honor a dos de las mentes jóvenes más audaces de la lengua que conozco, recomiendo a todo el que también quiera sorprenderse:

http://tatispelaez.blogspot.com
http://delectomorfo.blogspot.com

Sean ustedes los que juzguen.

sábado, julio 30, 2005

Lo que hago

Escribir sobre varias cosas, o sobre cualquier cosa, es un gusto que sólo pueden darse mentes realmente brillantes. Yo me limito a hacer una especie de crítica literaria breve, al tiempo que desnudo trozos de mi alma que simplemente no pueden seguir cubiertos por velos de silencio. Especialmente cuando son el amor y la menlancolía los encargados de derribarme, de hacerme caer y de levantarme.

viernes, julio 29, 2005

Cursilería y honestidad



Hace muchos años, cuando apenas me definía a mí misma como persona, leí una frase que terminó por iluminar mi proceso de autodeterminación. Decía "Dios es amor". Entendí entonces que el mundo funciona de formas muy diversas, pero que es el amor lo que finalmente permanece, lo que debe ser perseguido y lo que debía intentar alcanzar siempre, pues sólo así podría ser también parte de la divinidad.

Y he intentado perseguir el amor desde entonces, pero jamás había aparecido tan claro y puro frente a mí como ahora, cuando miro tus ojos, siento tu cuerpo, escucho tus palabras y tus silencios, respiro tu olor y comparto tu corazón. Y puedo decirte, en este momento anhelado de mi vida, que nunca jamás me había sentido parte de algo tan inmenso. Nunca antes me había deleitado tanto en la contemplación de un alma. Y te siento conmigo tanto como me siento contigo. Y buscaré una y mil razones, una y mil formas para quedarme a tu lado, prolongando este instante de absoluta eternidad.

Quiero perderme en tus ojos. Quiero habitar todos los rincones de tu mente. Quiero estar en todas tus creaciones, ser tu musa, tu pincel y tu lienzo. Quiero ser tu piel y mis dedos. Y quiero que veas en mi mano sobre tu cadera al viento, dibujando vidriosas curvas de nubes con su aliento. Quier ser las lágrimas que lloras en secreto, el agua que te recorre en las mañanas, el sudor que surge de tus entrañas. Quiero ser el cerezo del que nacen tus labios. Y quiero ser también tu lugar de paz y tranquilidad, al que siempre desees llegar.

Quiero amarte, mientras compartes conmigo el regocijo de saber que lo que vivimos es un respiro de Dios. Te amo. Con sutileza y firmeza te amo.

viernes, julio 01, 2005

Los versos más tristes

Puede ser que haya pasado frente a mí la oportunidad de ser feliz. Y la perdí. Ahora estoy sola, nuevamente. Me voy a conocer otro mundo, con miedo y confusión en el alma. Estoy por pensar que uno se enamora del amor y no de las personas, lo cual desvirtuaría cualquier tipo de pretensiones de amor eterno.

No me gusta Neruda. En general, Latinoamérica ha estado sumida en una especie de caos, proveniente en parte de su identidad perdida. De todas formas sólo pienso en la frase que resuena con una de sus voces: "puedo escribir los versos más tristes esta noche". Lo siento. Por ellas, por ellos, por mí.

sábado, mayo 14, 2005

El último hombre libre


Cuenta Yourcenar que leyó en un volumen de la correspondencia de Flaubert una frase determinante: "Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre".

Las Memorias de Adriano son el reflejo de ése hombre, en un punto de su vida en el cual, sólo la muerte lo separaba de la sabiduría. El elogio a la humanidad que hace la autora es casi inexplicable en esta época de vulgaridad e ignorancia, y es también -demás está decirlo- un milagroso alivio.

Se me dificulta la expresión mesurada sobre lo que creo ha sido el más hermoso libro que ha pasado por mis manos, lo cual es una tontería, puesto que nunca he podido juzgar un libro estrictamente de forma racional. Así que, en honor al despliegue emotivo que sin duda tiene un mayor valor personal, las páginas de Adriano (guiadas por un suave susurro de Marguerite Yourcenar), son un derroche de humanidad, sabiduría y genialidad.

miércoles, abril 27, 2005

Éxtasis del alma

Hay una estética en los sentidos y en la sensualidad. Eso me lo han asegurado la experiencia y mis antípodas, tan lejanas y cercanas.
Casi todas estas frases son robadas. Como los arrebatos del alma cuando nacen en el cuerpo.

lunes, abril 18, 2005

El canon


Unos cuantos apartes del Canon Occidental de Harold Bloom han pasado por mis manos durante los últimos meses y, consecuentemente, celebro la recuperación del concepto canónico, aunque me sorprende que el autor desconozca el influjo sobre él ejercido por su propia lengua y cultura. En un intento por centrar el canon, se confía demasiado en el genio shakespeariano y desecha la posiblidad de compartir el centro con otros autores. Afirmar que Occidente se encuentre condensado en Shakespeare no es pretencioso, pero sí tendencioso (después de todo, Bloom es neoyorquino). Sé que pocos autores lograron materializar su nación, pero sin duda Cervantes y Dostoiesvski acertaron en la definición de España y Rusia, respectivamente.

De cualquier forma, la obra de Bloom es cuando menos, sensata. Incluso la división misma que hace de los capítulos es desafiante a lo que él denomina la Escuela de la Rebeldía, producto de la Edad Democrática, claro está. En mi opinión, este hombre debe ser algo así como la versión americana y académica de un Pérez Reverte, pero mi ignorancia es grande para aventurarme en afirmaciones de este tipo, así que espero no estar ofendiendo al maestro. En todo caso, un buen sumario de esta densa masa tan llamada civilización.

martes, abril 12, 2005

Volver a mí

El año inició sin mucho poder de mi parte para expresar las miles de circunstancias que una y otra vez me han redefinido durante este tiempo. Escribir se convierte en una quimera para mí cuando todo cambia, todo me cambia y la vida se deshace de su manto para mostrarme su hermosa extrañeza. Y entonces lo impensable ocurre y el amor se acomoda en mis brazos, para recordarme que siempre ha estado ahí, aunque cambie de cara y de nombre.

Escribí sobre la tristeza, porque creí abrazarla toda. La felicidad, sin embargo, es imposible de atrapar y mucho menos con palabras, así que me limito a ponerla de manifiesto. Es con el alma alterada que se busca la tranquilidad, pero sólo llega ésta cuando al espíritu lo embarga el cansancio absoluto y no hay más opción que respirar. Llegué al agotamiento desesperado por no encontrar la paz que hace años perdí sin darme cuenta, y de tanto buscarla me caí dormida, exhausta sobre los días, hasta que ella sola llegó a mí.

Por ahora basta de estas confesiones. En unos días volveré a los libros, mi refugio contra tanta necedad, de la cual sin duda participo, pero de la que me rescata -como siempre lo ha hecho- el amor.

domingo, enero 23, 2005

Los tres mosqueteros



Mi gran conquista de la era vacacional fue sin duda esta hermosa obra del gran Alexandre Dumas. Intentar leer los clásicos es consolarse un poco frente a este mundo nuestro, cuya mayor gloria es tentarnos a aventurarnos en otros tiempos. La convulsión de la modernidad comienza precisamente en tierras francesas, pero mucho más tardíamente que la obra del maestro Dumas, que nos enseña una época en la que la palabra tenía valor y sentido, y el hombre florecía con valentía, razón y sentimiento.

Los enemigos del presente desconocen por completo el odio encarnizado de lady Clarick, y mucho más su frialdad mental. Desconocen por completo el coraje y el atrevimiento. Los duelos de hoy se realizan entre perdidos misiles y secretos bunkers. Pero no juzgo más, porque hago parte de la comedia. Mi cobardía es tal que aquí estoy, escribiendo en un blog donde me siento más segura. Señalo con el índice todo aquello de lo que me excluyo, sabiendo que es ésa la señal del incluido. He aquí el territorio de los condenados. Apelo entonces al espíritu gentil de D'Artagnan.